Síndrome de Pierna Inquita

10 Dic Síndrome de Piernas Inquietas (SPI) por el Dr. Javier Albares

DR. JAVIER ALBARES –  La Enfermedad de Willis-Ekbom, más conocida como Síndrome de Piernas Inquietas (SPI). Es un trastorno neurológico (sensitivo y motor), que se caracteriza por una necesidad imperiosa de mover las piernas (habitualmente de forma bilateral) por una sensación de malestar, inquietud y ocasionalmente dolor.

Esta sensación tiene difícil definición por parte de los pacientes. Lo definen como quemazón, tirantez, presión, hormigueo, intranquilidad… síntomas, todos ellos, que se agravan con el reposo. Al iniciar el movimiento, éstos suelen desaparecer o mejorar notablemente.

El SPI tiene un claro ritmo circadiano, apareciendo o empeorando los síntomas por la tarde y, especialmente, al anochecer. Esta situación puede mantenerse hasta las 3-5 de la mañana, cuando finalmente la oscilación circadiana permite una disminución de la intensidad y el paciente consigue dormir.

Es fácil entender, entonces, que el SPI produce un impacto importante en el patrón de sueño de quien lo padece. Con un aumento de la latencia (tiempo que tardamos en conciliar el sueño) y una disminución en la eficacia del sueño, debido a la frecuencia de los despertares.

¿Cuándo aparece?

Esta patología puede presentarse a cualquier edad, aunque es más frecuente en la edad adulta. La prevalencia es mayor en mujeres que en hombres.

En muchos casos, los pacientes tienen una sintomatología muy leve y ni siquiera consultan para recibir tratamiento. Alrededor de un 3% de la población adulta, sufre SPI con clínica relevante. Sufren síntomas más de 2 días a la semana con una intensidad elevada que les afecta a su calidad de vida.

El SPI está, muy frecuentemente, ligado a situaciones de déficit de hierro o alteración de su metabolismo, como puede ser el embarazo o la insuficiencia renal crónica.

Diagnóstico

El diagnóstico es clínico, por los síntomas descritos por el paciente. Puede ser útil realizar pruebas complementarias para asegurar el diagnóstico, evaluar su gravedad, y plantear el mejor tratamiento.

Entre estas pruebas realizaremos, analítica de sangre, polisomnografía nocturna. Nos permitirá detectar y cuantificar los movimientos de las extremidades inferiores. En algunos casos, podemos también realizar un test de inmovilización sugerida. En la prueba se registra la actividad electromiográfica de los tibiales anteriores mientras se mantiene al paciente en reposo durante 1 hora, observando en la mayoría de los pacientes movimientos periódicos de las piernas.

Con toda esta información, valoraremos la mejor opción de tratamiento, atendiendo, sobretodo, a cómo afecta esta patología a la calidad de vida del paciente. Una correcta higiene del sueño, como evitar el alcohol y productos estimulantes con cafeína, es fundamental para prevenir la aparición de sintomatología. En los casos moderados – graves, no suele ser suficiente y es preciso, además, tratamiento farmacológico.

 

Sip

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