06.04.2011

Ayer inaguramos nuestro undécima (gracias por la corrección Esteclen) jornada haciendo yoga como todos los días, una sesión suave para masajear el cuerpo y la mente y empezar el día con otra actitud.

Este día lo teníamos dedicados a las ciudades, a ver como es eso de una ciudad slow, tratando de entender como cambiar el modelo actual que tenemos y qué como hemos visto varias veces estos días, es uno de los principales causantes de esta vida acelerada y estresada contra la que estamos protestando. De hecho una de los primeros ámbitos donde más a calado la filosofía slow tras la comida que fue la primera, ha sido la ciudad; por eso se ha creado un distintivo que acredita que una ciudad cumple con los requisítos de ciudad slow, que básicamente son tener menos de 50.000 habitantes y no ser capital, impulsar iniciativas como la utilización de medios de transporte alternativos al privado, potenciar los productos alimentarios autóctonos y artesanales propios o los procedentes de una agricultura sostenible con el medioambiente, reducir la contaminación acústica y luminosa o implantar zonas verdes. En España contamos con unas cuantas que ya han conseguido el preciado sello del caracol.

Después de comer, sobre las 16’30h vino Domenico Di Siena, un arquitecto de Ecosistema Urbano, un estudio de arquitectura madrileño especializado en arquitectura sostenible, pero sobre todo muy centrado en el urbanismo, que es el ambito donde realmente se debe de incidir para mejorar las cosas. Ellos entienden la ciudad como un punto de vista común entre urbanimso, arquitectura, ingeniería y sociología, aplicando lo que ellos definen como “sostenibilidad urbana creativa”. Precisamente al empezar la charla lo primero que surgió es que el principal problema del urbanismo actual es que no hay comunicación entre todos estos campos profesionales, o que la gestión departamental de una ciudad está muy fraccionada, dificultando la comunicación, y por supuesto que apenas hay contribución ciudadana a la hora de abordar nuevas ordenaciones urbanísiticas, de forma que la construcción de la ciudad se origina por la superposición de las diferentes intervenciones de las profesiones necesarias, sin que haya una hibiridación entre todas ellas, incluidos los ciudadanos.

Ecosistema urbano por eso definde que hay que empezar por esta hibridación de todos los actores involucrados en la creación de la ciudad para crear un proceso de inteligencia colectiva, basado en una cultura de lo libre, como el open source, el sistema de Creative Commons, etc. Ellos se consideran mediadores entre los profesionales y los ciudadanos, tratando de favorecer estos procesos de comunicación y creación conjunta.

Llegados a este punto salió el tema de la gentrificación un proceso urbanístico muy actual que está sucediendo en muchas ciudades, que básicamente consiste en la mejora de una zona urbana, principalmente céntrica, con el consiguiente desplazamiento de las clases populares que antes lo habitaban. Esto en un principio puede parecer algo bueno, pero el problema es que detrás de estos procesos siempre hay intereses inmobiliarios especulativos, cuyo único objetivo es la revalorización de la zona. Podemos ver claros ejemplos de esto en ciudades como Barcelona o Madrid, pero también en muchas otras capitales de provincia. Con todo esto llegamos a que otro de los principales problemas de las ciudades es que están concebidas para que el ciudadano tenga una actitud consumista, entendiendo esto como algo principalmente pasivo, en contra de una actitud más proactiva, con la que se aportarian cosas a la comunidad, favoreciendo el procomún en el que el espacio público es entendido como un lugar comunal, construido entre todos, reconociendo que la creación de valor no es una transacción económica esporádica, sino un proceso continuo de vida social y cultura política. Actualmente los espacio públicos no permiten hacer cosas socialemente activas que los doten de identidad, son espacios donde solo es posible una actividad pasiva, consumista. Esto es así porque es un modelo rentable, más fácil de mantener, algo principalmente hecho por los propios negocios que se encuentran en esa zona y porque es fácilmente controlable con una sobreabundancia de reglamentación para evitar problemas. Precisamente como un buen ejemplo de como pueden ser las cosas hablamos del MediaLab-Prado un espacio en Madrid de referencia internacional, donde se ponen en práctica todas estas cosas.

La cuestión que nos planteó Domenico es que debemos ampliar nuestra definición de espacio público, diferenciando entre espacio público y espacio común, definido este por el arquitecto Eduardo Serrano como “espacios que no están sujetos a ningún orden pre-establecido, espacios que se crean por la necesidad o una acción del momento en el que actúan dos o más personas. Estos espacios se crean casi siempre en las fronteras, en ese espacio donde dos mundos se encuentran, se tocan o colisionan. La necesidad o la simple creatividad de sus “usuarios” es el elemento portante y estructurante de estos espacios.”

Esta creatividad, al crearse desde lo común es precisamente una acción colectiva, como el conocimiento, que es claramente una creación colectiva, hecho con el aporte de todas las personas a lo largo de la historia y del presente, y donde mejor se puede desarrollar esta creación colectiva es en el espacio común, como muestra claramente el ejemplo de internet, un espacio común que hemos creado y seguimos creando entre todos. Por esto hay que proponer procesos urbanísticos de hibridación de profesiones y con una clara participación ciudadana, creando redes con el gran valor añadido de la inteligencia colectiva.
Llegados a este punto hablamos del gran cambio que ha supuesto la digitalización en las relaciones y nuestra conducta en los espacios públicos, dando lugar a un nueva indentidad digital. Precisamente relacionado con esto, Ecosistema Urbano está desarrollando una línea de trabajo llamada “Smart Street Procomún”, que pretende llevar a lo físico lo positivo de esta nueva indentidad digital. Una cosa que nos gustó mucho es el concepto de que el cambio y la revolución empiezan desde lo contidiano, desde las cosas que hacemos de forma diaria como por ejemplo ir en bici, creando otro tipo de realidad. Por esto debemos de construir un nuevo modelo basado en lo que nosotros queremos, siendo más osados, más maduros al apropiarnos de nuestro propio poder, convirtiendonos en prosumidores, en productores de lo que consumimos, sin depender de las antiguas normas; más o menos lo mismo que viene a decier la frase “se el cambio que quieres ver”. Finalmente nos gustó especialmente una reflexión que compartió con nosotros, que decía que una de las ventajas del Decrecimiento es que viviríamos mejor, de forma mucho más slow y tranquila, algo con lo que nosotros estamos totalmente de acuerdo.

Después de esta intersantísima charla, hablamos algo más tarde con Elisa Vazquez, una madrileña y urbanita convencida, que poco a poco y porque lo había ido experimentando a lo largo de su vida, se había rendido a la evidencia que se vivía mucho mejor en una ciudad más pequeña, más en contacto con la naturaleza y a otro ritmo. Hablamos con ella por skype y nos contó lo bien que vivía al haberse trasladado desde el centro de la ciudad a Altea, donde llevaba una vida más tranquila y austera, pero mucho más feliz. Nos dijo que es algo que está haciendo mucha gente, renunciando a profesiones y niveles de vida más altos basados en la económia de las grandes ciudades, y viviendo de forma mucho más pausada, más humana, más en contacto con el resto de la comunidad y por consiguiente más plena. ¡¡Desde luego se la veía feliz!!

Justo a continuación hablamos también por skype desde Barcelona con Blanca Gutierrez, una socióloga del Col·lectiu punt6 una “agrupación que trabaja desde la perspectiva de género, fundamentalmente desde la experiencia cotidiana de las mujeres” interesados en repensar las ciudades para favorecer la inclusión de todos sus habitantes.

Con ella charlamos sobre como las ciudades deberían facilitar la vida de la gente, donde se deberían crear redes de espacio públicos donde poder hacer cosas, bien sean deportivas, sociales, colectivas, reproductivas (dar de mamar a un niño), comerciales, etc. Al igual que Domenico, Blanca coincide que uno de los principales problemas es que se diseña sin tener en cuenta a los ciudadanos, que al fin y al cabo son los usarios de las ciudades; ella aboga por desarrollar procesos participativos teniendo en cuenta a los ciudadanos, no solo en sus propuestas, sino también en sus horarios, capacidades y posibilidades. Además nos recordó que el modelo tradicional español es de una ciudad compacta, que propicia el intercambio, pero que sin embargo se está tendiendo a un modelo de ciudad dispersa, donde se busca el tránsito, la no permanencia en los espacios y la zonificación, la segmentación de la ciudad por actividades: comerciales, laborales, ocio, vivienda, etc. Ella cree que hay que incentivar el transporte público, hacer partícipe al ciudadano de los espacios públicos con uso y tiempo para todos, lo que evitaría el vandalismo, ya que este se produce porque la gente no percibe el espacio público como algo propio sino ajeno; pero sobre todo que las decisiones tomadas en los procesos participativos sean vinculantes para los agentes municipales, ya que en la mayoría de los casos no suele ser así y se quedan en meras acciones cosméticas de cara a la galería. Por último nos dijo que hay que transgredir los espacios públicos y sus usos, haciéndolos nuestros, construyendo redes de apoyo y solidaridad.
Aquí podeís ver la charla completa.

Con todo esto nos quedó muy claro que la responsabilidad de cómo son nuestras ciudades es totalmente nuestra y que tenemos que ser más activos, revindicativos y participantes para poder construir entre todos la ciudad que queremos, que a lo mejor no puede aplicar al sello de ciudad slow, pero que seguramente será mejor que el modelo que tenemos actualmente.

« »